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Relato Erótico: Imprimiendo Tangas

...Me enteré de su nº de fax y empecé a mandar tangas escaneados...

Imprimiendo Tangas Iba por la vida yo como si tal cosa. La vida me sonreía como siempre, vida de holgazán, sin mover un dedo en casa, siendo malcriado por mis compis de piso, fiesta, borrachera, sexo. Esas cosas que nos gustan a todos.

Así que con tan pocas obligaciones al final me dispuse a proponerme una meta.
Y me dije, ya lo sé ! voy a coleccionar tangas.
Cada vez que salía a algún lado cogía a un par de warrillas y me llevaba sus tangas, por supuesto les daba algo a cambio, un par de orgasmos y el placer de comérmela, q no es poco.

Empecé a llenar mi cuarto de tangas y como no sabía que hacer con ellos, me hice un colchón y tiré por la ventana el colchón que tenía. Mis compañeros de piso me pegaron una buena paliza, pero bueno, mereció la pena.

Cada noche me dormía con el dulce olor de las prendas que había bajo y sobre mí.

Un día kise ligar con una tía q estaba to macizorra, pero resulta q era lesbiana y me rechazó. Me costó asumirlo, puesto q era la primera vez q me rechazaban.
Y como no estaba dispuesto a consentirlo me enteré de donde trabajaba. Resultaba que era secretaria de un despacho de abogados, qué casualidad, abogados como yo. La zorrilla iba en minifalda al trabajo y se le notaba hasta la liga de las medias, bof cómo me ponen las duras.
Me enteré de su número de fax y le empecé a mandar faxes con los tangas escaneados. Eso debía de ponerla cachonda, xq me fijé que los guardaba en sus carpetas.

Un día me pilló espiándola por la ventana del baño mientras se masturbaba con una de las fotos q le había mandado. Pensé q me iba a pegar la hostia de dios, y cuando estuve a punto de huir, me mandó acercarme.

- ¿Eres tú kien me manda las fotos verdad? Me cuesta admitirlo, pero me pone muy cachonda la lencería.

Así que le expliké q tenía la mayor colección del mundo y q podía venir a mi casa a verla si kería. La vi dudar un momento, pero finalmente me dijo q sí, pero con una condición yo no podía tocarla, solo mirar.

Y así fue como conseguí llevarla a mi casa, tocar no la pude tocar, pero os juro q el espectáculo mereció la pena.
Rajó mi colchón, se tumbó en la montaña de tangas y se estuvo masturbándose, restregándose, lamiendo, mordiendo contra la montaña de tangas.

Me preguntó si le vendía la colección. Pero le dij q ni hablar, pero q si me regalaba el suyo podría venir a masturbarse cuando kisiera. Y así conseguí el tanga de la lesbiana

Flat_Eric